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jueves, 2 de abril de 2015

Reflexiones de Semana Santa

Reflexiones de Semana Santa

Un aspecto fundamental durante la Semana Santa es la oportunidad de reflexionar sobre lo que es realmente importante; se trata de un momento de meditación propia donde hallemos la luz que encamina nuestros pasos en este tiempo y espacio.

Es el momento en el que al igual que la tierra, nos renovamos y florecemos radiantes, teniendo como resultado nuestro espíritu transformado.

Esta es una de las tantas cosas que nos enseñó Jesucristo durante su estancia física en la Tierra y que celebramos durante los días de la Semana Santa. Observamos sus acciones y su amor a través de la transformación de nuestro espíritu, visto en el sentido de que nuestra alma puede resucitar y trascender las tinieblas por medio de nuestras acciones.

Cuando meditamos sobre este aspecto: la trascendencia de nuestro ser y de nuestra alma radiante, podemos entender que la verdadera grandeza es medida por nuestra capacidad de servicio hacia el resto del universo. Es una entrega desinteresada y amorosa, que no descuida ni el bien propio ni el del resto.

Ser fieles a la verdad y al bien son principios que recapacitamos en estos tiempos. El perdón y la reconciliación por medio de la entrega y el amor son posibles y es en los momentos de oscuridad -cuando las tinieblas nos hacen dudar- que la luz de nuestra fe y nuestra esperanza nos permitirán hallar soluciones a las situaciones que atravesamos, para que después de nuestro trabajo personal, podamos resucitar y transformar nuestro ser, para vivir plenamente.

Que la dicha del amor y la comprensión permitan una mejor convivencia.

Felices Pascuas




lunes, 25 de marzo de 2013

Semana Santa y el Altar de Dolores



La Semana Santa es una conmemoración cristiana que celebra la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. En este sentido, es un período de intensa actividad litúrgica dentro de las diversas confesiones cristianas
Este periodo coincide con la primavera, el momento del año cuando el sol da toda su energía para que toda la naturaleza salga de su letargo o muerte aparente y resucite con todo su esplendor. Es de la misma forma como Cristo se sacrifica y resucita, para con ello convertirse en una fuerza universal inextinguible que seguirá animando a todo el universo.
La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos y finaliza con el Domingo de Resurrección, aunque su celebración suele iniciarse en varios lugares el viernes anterior (Viernes de Dolores) y se considera parte de la misma el Domingo de Resurrección
Durante el Viernes de Dolores se realiza la veneración a la Virgen de los Dolores y se conmemoran los 7 dolores que vivió la Virgen María durante la pasión y muerte de su hijo Jesucristo.
El centro de la tradición son los altares, cuyos elementos son representativos del sufrimiento de María al saber que su hijo había sido condenado a muerte, algunos de ellos son los manteles y flores blancas que simbolizan la pureza de la Virgen; naranjas amargas que evocan a la aflicción, pero que se pintan de dorado para recordar la alegría de la resurrección de Jesucristo; banderitas, manteles y flores moradas como símbolo de penitencia y preparación; flores de manzanilla cuyos colores son emblema de la humildad de María; cirios pascuales y trigo en representación de Cristo como luz y pan de vida; veladoras por la luz de la Virgen, y semillas de chía, agua de sabores o nieve, que simbolizan sus lágrimas de dolor. La figura principal es la Virgen de los Dolores que se sitúa debajo de un crucifijo.

*Foto: Autor del altar Humberto Spíndola


jueves, 2 de febrero de 2012

Sobre el origen y la historia de la fiesta de la Presentación del Señor (Fiesta de la Candelaria)


El registro más antiguo de la Fiesta de la Presentación del Señor (2 de febrero), lo encontramos en el diario de viaje de la religiosa Egeria, que escribió con motivo de su peregrinación a Tierra Santa durante los años 381-384. Ella informa que en Jerusalén tenía lugar una solemne liturgia con el obispo, con una procesión que se dirigía a la Iglesia de la Resurrección, cuarenta días después de la Epifanía (en Jerusalén se trataba de la fiesta de la natividad de Cristo), conmemorando la presentación de Jesús en el templo. 

Desde Jerusalen, la fiesta se extendió a todo el oriente desde finales del siglo V y principios del VI. En Constantinopla fue probablemente introducida alrededor de los años 534/542 años por el emperador Justiniano I (565).

Se habla de una procesión con velas sólo a mediados del siglo V, tal vez con San Cirilo de Alejandría (444), que exhortaba a los fieles en un sermón: "Festejemos el misterio de este día de forma luminosa con nuestras brillantes luces”.

Del mismo modo se dice en un sermón contemporáneo de Jerusalén: "Brillamos, por lo que nuestras luces brillarán. Como hijos de la luz , portamos las velas de la luz verdadera, que es Cristo. "

Desde Roma, la fiesta llegó al territorio francés en el siglo VIII y IX, donde la fiesta original de Cristo se desarrolló con más fuerza en torno a una fiesta de María, la "Fiesta de la Purificación de María".

La bendición de las velas se concreta sólo en el siglo X en Roma. A estas velas benditas se les atribuía mayor eficacia contra las fuerzas del mal y se esperaba de ellas ayuda en todas las solicitudes de necesidad (por ejemplo durante las tormentas, las epidemias, la hora de la muerte).

Debido a que la bendición de las velas para el uso litúrgico y privado era motivo de la celebración de la luz, la fiesta del 2 de febrero en los países germánicos desde el siglo X recibió el nombre de "Mariä Lichtmess" (Candelaria), que fue tomada más tarde por otros idiomas ("Candlemas", "Candelore", "Chandeleur").

El tema de la luz tiene su punto de apoyo en el evangelio de la fiesta, porque Simeón proclama llevando al Niño Jesús en sus brazos: "Luz de revelación a los gentiles, y gloria para el pueblo de Israel " (Lc 2:32)


viernes, 30 de diciembre de 2011

Cirio Pascual

El término "cirio", proviene del latín "cereus", que quiere decir "cera". Esto es porque, antiguamente, el cirio pascual se elaboraba completamente con cera de abeja. Se tenía la creencia de que las abejas tenían una bendición especial de Dios y los cirios elaborados enteramente con cera de abeja representaban la pureza de Dios. Sin embargo, debido a que la cera de abeja ha sido un material costoso, incluso al día de hoy, las leyes de la Iglesia se han adaptado y reciben con bien cirios y velas hechos con distintas mezclas de ceras, aunque siempre es recomendable mezclar con cera de abeja.

El Cirio Pascual es el símbolo más destacado del Tiempo Pascual, es decir, del periodo que comprende los cincuenta días entre el Domingo de Pascua de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés, un periodo de especial alegría y festividad. Éste es el cirio más importante y es el que se enciende en la vigilia Pascual, en la liturgia católica de la noche del Sábado de Pascua, como símbolo de Cristo, quien es la "Luz de Mundo".

Existen historias que atribuyen el origen del cirio pascual a las columnas de cera que Constantino mandaba encender la noche de Pascua y algunos, a la costumbre que había de escribir en un cirio bendito todas las fiestas movibles que dependían de la Pascua. Después, estas fiestas se escribían en una tira de papel o pergamino que se fija en el cirio como se practica todavía en algunas catedrales.

El cirio es renovado cada año durante esta ceremonia. Su tamaño puede variar, aunque ha de ser mayor que el de resto de velas del templo. Esta decorado con una cruz en uno de sus lados, la cual tiene sobre y debajo las letras griegas "Alfa" y "Omega", o sea, la primera y última letras del alfabeto griego, pues Cristo es eternidad, el principio y el fin de la historia humana. También, se colocan sobre el cirio cinco trozos de cera o incienso que representan las cinco llagas santas o clavos gloriosos, a las manos, los pies y el costado de nuestro Señor.

En la Vigilia pascual, toda la oscuridad del entorno aumenta lo sugestivo del Cirio encendido al fuego nuevo recién bendecido. La procesión de entrada de la Vigilia canta tres veces la aclamación al Cristo: "Luz de Cristo. Demos gracias a Dios", mientras progresivamente se van encendiendo los cirios de los presentes y las luces de la iglesia. Luego se coloca el cirio en su candelabro y se proclama en torno a él, después de incensarlo, el solemne Pregón Pascual.


Además del simbolismo de la luz, el Cirio Pascual tiene también el de la ofrenda, como cera que se gesta en honor de Dios, esparciendo su Luz: "acepta, Padre Santo, el sacrificio vespertino de esta llama, que la santa Iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de este cirio, obra de las abejas. Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios... Te rogamos que este Cirio, consagrado a tu nombre, para destruir la oscuridad de esta noche".

La sagrada Congregación de Ritos decretó en 19 de mayo de 1607 que se encendiese el cirio pascual los tres días solemnes de Pascua, sábado in albis y todos los otros domingos hasta la Ascensión. La liturgia actual señala que el cirio pascual se enciende durante todas las ceremonias del tiempo de Pascua, es decir, desde la Vigilia Pascual hasta el domingo de Pentecostés, pasados cincuenta días (ocho semanas). Una vez concluido el tiempo Pascual, conviene que el Cirio se conserve dignamente en el bautisterio. 

El Cirio Pascual también se usa durante los bautizos y en las exequias, es decir al principio y el término de la vida temporal, para simbolizar que un cristiano participa de la luz de Cristo a lo largo de todo su camino terreno, como garantía de su definitiva incorporación a Luz de la vida eterna.